viernes, 8 de febrero de 2013

Los hombres no lloran


─Los hombres que a mi me gustan, no saben llorar.

Que frase tan interesante, pensé. Disimuladamente, me volví para ver quien la había pronunciado.
Cerca de mí, en medio de la fiesta, dos mujeres, bellas y muy elegantes, mantenían una discreta conversación ajenas al ambiente que las rodeaba. ¿Cuál de ellas habría pronunciado la frase? ¿La rubia sofisticada o la morena agresiva? Mi espíritu de macho se exaltó y decidí acercarme para, con cualquier pretexto, abordarlas…Quién sabe.
Cuando lo intenté, me miraron despectivamente y se alejaron con una sonrisa burlona en sus labios.

Me di cuenta del error demasiado tarde. Debería haberme puesto el colirio para eliminar de mis ojos la irritación producida por el humo de los cigarros.












viernes, 1 de febrero de 2013

La sonrisa que siempre le acompañó


El bombardeo acabó con él, pero no mató su sonrisa. Era el chico más alegre e idealista del grupo. Sus extraños ojos claros, limpios de rencor, siempre miraban al futuro. Se negaba a creer que no hubiera esperanza. Nunca veía enemigos. Aunque los ocupantes coartasen su libertad con muros inaccesibles. Aunque le prohibiesen la educación destruyendo intencionadamente las escuelas. Aunque le negasen la posibilidad de un trabajo digno con las leyes injustas impuestas a su país.
Trataba de tener amigos en ambas partes, aunque esto le acarrease problemas. Siempre luchó por la paz, hasta aquella aciaga tarde en que quedó mirando al cielo con aquella sonrisa que siempre le acompañó.   

domingo, 27 de enero de 2013

El oleaje


El bote, batido por el oleaje, amenazaba con zozobrar. Éramos demasiados.
─Este gordo ocupa demasiado sitio, dije, en voz baja, a mi compañera de banco, que asintió con gesto cómplice. 
La noche llegó y las olas seguían azotando el bote, cada vez con más violencia. El gordo, junto a la borda, no podía resistir el sueño y se bamboleaba. Con una pequeña ayuda a la ola, el gordo desapareció.
De inmediato, el bote ganó en estabilidad y el señor del pelo blanco nos agradeció, con una sonrisa, el poder estar más cómodo en el nuevo espacio.

sábado, 19 de enero de 2013

Campo de exterminio


Algunos lloran, otros nos tragamos las lágrimas. Unos se esconden y otros hacen reverencias a los carceleros. Unos muestran su miedo, otros mantienen una actitud digna y miran al frente con el convencimiento de estar haciendo el último viaje.

No percibimos la lluvia, el barro, el frío... Hemos dejado atrás los vetustos barracones y solo vemos las torretas desde donde nos vigilan y la doble fila de soldados que nos conduce, inexorablemente, hacia el gran caserón aislado, cerrado herméticamente, salvo una pequeña puerta abierta. Los soldados nos urgen con gritos y empujones pero, nosotros, no tenemos prisa por llegar.

martes, 15 de enero de 2013

La modelo


Verdaderamente, es una delicia para los sentidos. Su perfume es… sugerente. El color de su pelo es… inconfundible. Su voz… enamora. El sabor de sus labios... embriaga. El tacto de su piel… exacerba el resto de sensaciones. Es la modelo perfecta. Pero, en su presencia, desaparece mi inspiración y quedo anulado como artista. La cito a mi estudio una y otra vez…y siempre acude. Continuamente pienso en las mil y una maneras de representar su imagen en el lienzo. Ella nunca rechaza mis ideas. Una y otra vez lo intento. Pero no he conseguido pintarla ni una sola vez.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Lolita




¡Vaya cara que trae Lolita! La de los días de lluvia ¡Cualquiera le aguanta el día!
He decidido ponerme simpático.
- ¿Qué tal Lolita? ¡Hoy vienes con el guapo subido! 
Ni me mira, ni me contesta. Insisto. 
- Mira, hoy tenemos poco trabajo y ha llamado D. Ramón. No vendrá hasta medio día. Te invito a un suculento desayuno.  ¿Hacen unas porritas con un chocolate calentito?
- Bueeeno, dice, como accediendo a la fuerza
Su mirada se hace más dulce. 
Salimos a la calle. Llueve a mares. Nos apretujamos bajo el paraguas. Me mira y sus ojos sonríen ¡Realmente está guapísima! La beso y me responde ¡Me está tocando el culo!



viernes, 14 de diciembre de 2012

La celda


- ¡Imbéciles! ¡Estoy rodeado de ineptos!

Estas son las frases usuales que D. Servando, el director financiero, nos dirige cuando después de una comida de negocios llega al despacho pasadas las cinco de la tarde, hora que, por otra parte, es la del final de nuestra jornada.

Vuelve con una furia irrefrenable y abre la puerta de la celda pidiendo, a gritos, estadillos, cuentas, pagos pendientes, analíticas ¡Al momento! Así hasta las nueve de la noche. Sus malos modos son insoportables.

Hoy son las cinco y diez. D. Jesús, abre violentamente la puerta de la celda gritando:

-¡Manolo!

Manolo se levanta y, humildemente, dice:

-¿Por favor D. Servando, le importaría llamarme Manuel? La respuesta es fulminante

-¡Tu eres gilipollas!