domingo, 26 de abril de 2026

Los títulos, se hacen cada vez más difíciles de encontrar

 

Es muy difícil ceñirse a un tema concreto en este momento, cuando, a nuestro alrededor, las noticias, los acontecimientos se acumulan, además de índoles tan diferentes. 

Por un lado, guerras injustas que provocan víctimas, muchas inocentes, por razones inconfesables, no explicadas, o envueltas en justificaciones absurdas que tratan de esconder los verdaderos motivos, que suelen ser muy provechosas para algunos y que terminan sufriendo el resto de la humanidad.

Por otro, hechos tan importantes como el viaje de cuatro astronautas circunvalando nuestro satélite y volviendo, sanos y salvos a ia tierra y dándonos, a su llegada, unos mensajes de paz, solidaridad y colaboración, a toda la raza humana.

En muchas partes del mundo la gente tiene que emigrar en busca de mejores condiciones para sus vidas, incluso huyendo de conflictos bélicos y del hambre, mientras, en otros, se predican acciones de cierres de fronteras o, incluso, expulsiones arbitrarias e ilegales, de gentes que ya se habían establecido allí hacía muchos años.

Todo este escenario es contempladas con una aparente indiferencia desde lugares y personas que, por fortuna, no están involucrados, directamente, en esas situaciones ¿Esta aparente indiferencia está, quizás,  provocada por el convencimiento inculcado en la ciudadanía de la incapacidad que tiene de impedirlo, o por la desconfianza que provocan, la maldad, la incompetencia, la avaricia, o al miedo a las represalias por la falsedad de muchos de los dirigentes políticos mundiales.

¿En manos de quienes estamos? ¿Donde están las instituciones mundiales que tendrían la responsabilidad de responder ante los desmanes que se están produciendo? La ONU, La Corte penal internacional, La UE, La OEA, La UNESCO, Tribunal de derechos humanos... Es evidente que la mayor parte de esas instituciones son inoperantes ¿Por qué? Es evidente, porque no son respetadas sus decisiones. No tienen la fuerza necesaria para que sus decisiones se cumplan. Muchos de los dirigentes más poderosos del mundo ni siquiera reconocen algunas de ellas. Quieren sentirse libres para hacer y deshacer en el mundo sin cortapisas y en función de sus propios intereses.

¿Qué pasa con la invasión ilegal de Ucrania por Rusia? ¿Qué pasa con la masacre que durante años está realizando Israel con sus vecinos en general, y con los palestinos en particular y en contra de lo que Naciones Unidas dictaminaron en la creación de su estado. Nadie les impide que amplíen sus fronteras continuamente... Y pobre del que ose criticar lo más mínimo sus actitudes. Caen sobre él todas las criticas e insultos... Me pregunto cómo un país como Israel, con 22000 km2,, 10Mll. de habitantes y un PIB de  53000M/$, puede mantener una guerra continua durante años. Ya sé del apoyo incondicional de los EE.UU. pero, ¿Se lo regala? No creo, luego ¿Quien lo financia?

¿Qué pasa con las interminables guerras que asolan muchos países africanos? ¿Qué está pasando ahora en Irán que, sin que esto sea una disculpa que defienda las medidas que su gobierno toma contra su población, está sufriendo un ataque furibundo de los EE.UU. a todas luces ilegal---?

Es evidente que, en esta situación, nadie tiene la fuerza moral para criticar a los otros ¿Que pasaría o pasará cuando la China continental decida invadir Taiwan? ¿Quien podrá tener la fuerza moral para impedirlo?

El mundo ha tomado una deriva absolutamente inquietante. Las leyes sirven mientras se respetan. Cuando dejan de respetarse, y no pasa nada, las leyes se convierten en algo inútil. Estamos en una situación en la que, si al ser más malvado que podamos imaginar, se le ocurre hacer la barbaridad más grande que podamos imaginar, la mitad del mundo lp aplaudirá y la otra mitad se quedará indiferente. Un mundo en el que impere la ley del más fuerte, será invivible.